Submarino C-3

Submarino C-3

Submarino C-3

Constructor Quilla Botadura Entrega Baja
SECN – Cartagena 05/05/1924 20/02/1929 04/05/1929 31/07/1941

Los primeros años

El C-3 era uno de los seis submarinos de la serie C que se construyeron entre 1923 y 1929, basado en un proyecto de la Vickers y construido en Cartagena por la Sociedad Española de Construcciones Navales (SECN), actualmente Empresa Nacional Bazán, desplazaba 925 toneladas en superficie y 1144 en inmersión. La eslora era de 73.3 m y la manga 6.3 m. Estaba propulsado por dos motores diesel Vickers, que desarrollaban una potencia de 1000 CV, para la navegación en superficie, y por dos motores eléctricos de 375 CV para la navegación en inmersión que le proporcionaban unas velocidades de 16.5 y 8.5 nudos respectivamente. Estaban armados con 6 tubos lanzatorpedos de 533 mm, cuatro a proa y dos a popa, y con un cañón Bonifaz de 75 mm. La profundidad máxima que podían alcanzar era de 90 m. La dotación era de 40 hombres al mando de un capitán de corbeta.

La quilla del C-3 se puso el 5 de mayo de 1925, siendo botado el 20 de febrero de 1929 y entregado a la Armada el 4 de mayo del mismo año, tras superar las pruebas de mar. Como el resto de las unidades que integraban la flotilla de submarinos de la Armada Española, en total doce, el 18 de julio de 1936 se proclamó leal a la República, pasando a formar parte de la Armada Republicana.

Al poco tiempo de su entrega tomó parte en las maniobras de 1930, desarrolladas en el Cantábrico y que dejaron un mal sabor de boca en la Flotilla de Submarinos por el escaso rendimiento en los ejercicios. No obstante, a finales de este año la Flotilla de Submarinos alcanzó su máximo desarrollo con un total de 16 unidades en servicio: el Isaac Peral, los tres de la Serie A, los seis de la Serie B y los seis recién estrenados de la Serie C, aunque los cuatro primeros estaban próximos al desguace.

En otoño de 1934, el C-3, junto con el C-6, inicia una larga travesía durante cincuenta días que lo llevarán a distintos puertos extranjeros.

El C-3 y el C-6 en Venecia (Cortesía Rita Campillo)

El 30 de julio de 1935 todos los «C» realizarían un nuevo crucero por distintos puertos europeos y africanos, visitando los puertos de Melilla, Cádiz, Plymouth, Brest, Tenerife, Dakar, Villa Cisneros, Las Palmas y Larache, volviendo a su base el 23 de septiembre.

Ya en mayo de 1936, la flotilla de submarinos tomaría parte en las maniobras que se celebrarían en aguas de las Islas Canarias. La Flota, reunida al norte de la Gomera, se dividió en dos grupos, uno de ellos con base en Santa Cruz de Tenerife y formado por el acorazado Jaime I y el crucero Méndez Núñez, así como un grupo de destructores y submarinos, entre los que se encontraba el C-3, al mando del almirante Javier de Salas. El otro grupo tuvo su base en Las Palmas y estaba formado por los cruceros Miguel de CervantesCervera y Libertad, así como el resto de destructores y submarinos, todos ellos al mando del Jefe de la Flota, almirante D. Miguel de Mier.

Maniobras de 1936

El inicio de la Guerra Civil

Al producirse la sublevación del Ejército del Norte de África, la flotilla de submarinos estacionada en Cartagena y formada por el C-1C-2C-3C-4C-5C-6 y los B-5 y B-6, al mando del Jefe de la flotilla, capitán de fragata Guimerá, reciben la orden de salir hacia aguas del Estrecho para controlar el tráfico de tropas desde África a la Península. El resto de submarinos, B-1B-2B-3 y B-4, se encontraban en las Baleares, en distintas situaciones y grados de operatividad. Los días que siguieron al Alzamiento fueron particularmente terribles para la Armada. La mayoría de los jefes y oficiales de la Armada, pertenecientes al Cuerpo General, simpatizaban con los sublevados. Por este motivo, muchos fueron destituidos inmediatamente, detenidos y, en muchos casos, ejecutados. Los submarinos no fueron una excepción. Sin embargo, se dieron circunstancias diferenciales al resto de la flota. El submarino es un arma especial, donde la convivencia fruto del reducido espacio en el que se desarrolla la vida, genera unos lazos más estrechos que en las unidades de superficie. Además, la sofisticación del arma hace que su eficacia operativa esté basada en un profundo conocimiento de su manejo. Ambas características hicieron que los oficiales al mando de los submarinos españoles recibieran un mejor trato por parte de la marinería que sus homólogos en las unidades de superficie.

Durante los días que siguieron a la sublevación, los buques de la Flotilla de Submarinos cambiaron frecuentemente de mando, unas veces de forma oficial y otras de un modo menos formal. Sin embargo, a pesar de la inquietud de los subalternos y la marinería por tomar el mando de estas naves, conscientes también de su gran valor táctico, se vieron obligados a ceder el mando a los oficiales, capacitados para dirigir el arma, pero sometiéndolos a una estrecha vigilancia. No obstante, muchos de ellos fueron desembarcados y detenidos, teniendo que echar mano de oficiales de menos experiencia, que mantenían más o menos en secreto sus convicciones nacionalistas, y que fueron apoyados en su trabajo por oficiales de la Marina Mercante como oficiales de derrota. Esta situación se mantendría durante toda la contienda, teniendo como consecuencia la manifiesta incapacidad de los submarinos republicanos como arma de guerra.

El alférez de navío Antonio Arbona Pastor estaba destinado como segundo comandante en el submarino B-5, al mando del capitán de corbeta Carlos Barreda Terry, cuando se produce la sublevación. Al recibir la orden de hacerse a la mar en la noche del 17 al 18 de julio de 1936, la premura obliga a redistribuir los oficiales entre las distintas unidades, por lo que Arbona toma el mando del C-3 en sustitución de su comandante titular, el capitán de corbeta Javier Salas Pintó.

El día 20 de julio, cuando se producen las destituciones de los mandos, la tripulación del C- 3 apoya a Arbona como comandante, y éste es confirmado en su cargo por el Jefe de la Flotilla y por el Ministro de Marina al día siguiente. Bajo el nuevo mando, el C-3 continuará sus patrullas en la zona del Estrecho.

La campaña en el Norte

El 15 de agosto, el C-3 recibe la orden de trasladarse al Cantábrico. Durante su viaje, frente a las costas de Portugal, el submarino sufre una avería que lo obliga a volver a Cartagena. El día 23, una vez reparado, se encuentra en Málaga dispuesto a partir de nuevo hacia el Norte, lo que hará dos días después.

Durante las semanas siguientes realizará varias patrullas por el Cantábrico, sin realizar ninguna acción de guerra, hasta que el 2 de octubre, con una importante avería que le produce la pérdida de un motor diesel, recibe la orden de dirigirse a Tánger y, posteriormente, a Cartagena.

La pérdida del submarino C-3

Aún sin reparar, el C-3 se hace a la mar el 10 de diciembre con destino a Málaga. Tras una breve entrada en Almería para desembarcar algunas piezas defectuosas, continúa su viaje, pasando la noche del 11 al 12 bajo el agua a la entrada del puerto de Málaga. Por la mañana recibe la orden de permanecer en patrulla sin entrar a ese puerto.

A las 1400 del 12 de diciembre de 1936, el submarino C-3 navegaba en superficie a cuatro millas al SE de la farola de Málaga. El turno de comida había acabado y dos marineros salieron a cubierta para arrojar por la borda los desperdicios. En la torreta o vela se encontraba el comandante acompañado del capitán de la Marina Mercante D. Agustín García Viñas, adscrito a la Armada como oficial de derrota del submarino. Hacia la popa, los marineros Isidoro de la Orden Ibañez y Asensio Lidón Jiménez se afanaban en vaciar los restos de comida que, una vez en el mar, eran engullidos por la estela del buque.

A unas dos millas del C-3, más próximo a la costa, se encontraba el guardacostas Xauen, relevando a la lancha I-4 de la Tabacalera en sus labores de vigilancia. Aproximadamente a igual distancia, los pesqueros Joven Antonio y Joven Amaliafaenaban a la busca del boquerón.

A las 1419 el C-3 se inclinó violentamente de proa y ligeramente caído a estribor. Una llamarada y una densa nube de humo blanco había precedido a este hecho. De forma casi instantánea, el submarino se hundió dejando a flote tan solo al capitán García Viñas, que lucho por salir a la superficie mientras era arrastrado con el submarino hacia el fondo, y a los marineros de la Orden y Lidón, que se hallaban en la popa. Tan rápido fue el suceso que ningún otro hombre puso salir. 37 marinos españoles encontraron la muerte a pocas millas del puerto de Málaga donde sus restos reposan hoy a 70 m de profundidad.

Submarino U-34

Bajo las aguas, el submarino alemán U-34, un submarino del Tipo VIIA perteneciente a la 2ª flotilla, con base en Wilhemshaven y al mando del Kaptanleutnant Harald Grosse, se alejaba rápidamente de la zona poniendo rumbo al Estrecho.

Minutos antes había izado el periscopio, contemplando la silueta del C-3. El U-34maniobró hasta alcanzar la posición de lanzamiento, una posición difícil por el gran número de buques presentes en la zona que, en cualquier momento podrían detectar el periscopio. Sin embargo, la suerte estaba del lado de Grosse. El comandante sabía que solo podría realizar un lanzamiento y salir de allí rápidamente, antes que las unidades que fondeaban en Málaga fueran en su busca.

El torpedo, un modelo G7-a, de calibre 533,4 mm y 7163 mm de longitud, se encontraba dispuesto en su tubo. Sus 1525 kg de peso, de los cuales 300 correspondían a un explosivo Tri-AL, estaban dispuestos a iniciar su mortal carrera, impulsados por el aire comprimido a 200 kg/cm2, a una velocidad en torno a los 40 nudos. Grosse estaba preocupado por la estela que dejaría el torpedo durante su marcha y por la posibilidad de que el torpedo no estallase o tomase un rumbo errático. La escasa confianza del comandante en sus torpedos estaba justificada por los numerosos fallos que se habían detectado en estas armas y que, a pesar de los esfuerzos por corregirlos, seguirían produciéndose hasta bien entrada la Segunda Guerra Mundial.

La regulación del torpedo habría de hacerse cuidadosamente ya que se trataba de lanzar contra un buque de escaso calado y un error en los cálculos podría hacer que el torpedo saliese a la superficie saltando como un delfín, siendo descubierto por la vigilancia del C-3.

-Rohr ein. Feuer.- la orden resuena en el submarino. De pronto, el buque cabecea de proa al producirse una cierta flotabilidad positiva debida a la pérdida de peso por la salida del torpedo. Rápidamente se equilibran los tanques de lastre y el submarino vuelve a quedar trimado. El hidrofonista sigue la trayectoria del torpedo hacia su blanco. Se calcula el tiempo que queda antes del impacto y todo el mundo se prepara para la explosión. Los segundos pasan lentamente.

Los submarinos del Tipo VIIA fueron diseñados entre 1933 y 1934. Se construyeron un total de 10 unidades, entre 1935 y 1937, y pertenecían a un nuevo tipo de submarinos de ataque de gran radio de acción. Dotados de una gran maniobrabilidad, desplazaban 626 toneladas en superficie y 745 en inmersión. Con una eslora de 64,51 m y una manga de 5,85 m, iban propulsados por dos motores diesel con una potencia total de 2100 a 2310 CV, para la navegación en superficie, y dos motores eléctricos con una potencia total de 750 CV que le daban una velocidad de 16-17 y 8 nudos respectivamente. El armamento consistía en 5 tubos lanzatorpedos, cuatro a proa y uno a popa, con una dotación de 11 torpedos o 22 minas. En cubierta disponía de un cañón de tiro rápido de 88 mm, con 160 rondas de munición.

El U-34 se comenzó a construir el 15 de septiembre de 1935, en los astilleros de la Germaniawerft AG, en Kiel, y entregado a la Marina Alemana el 12 de septiembre del año siguiente, bajo el mando del Kaptainlutnant Ernst Sobe. En noviembre se transfirió el mando al Kaptanlutnant Harald Grosse, para cumplir una misión especial: la Operación Ursula.

El torpedo se dirige rápidamente hacia su blanco. A bordo del C-3 nadie se percata de la presencia del torpedo, incluso cuando este hace impacto a unos 8 m de la proa.

Las teorías sobre el torpedo

Varias son las teorías que se han barajado para explicar el hundimiento del C-3. Después de la mantenida durante muchos años que justificaba la desaparición del buque por una explosión fortuita en las baterías, una vez descubierta la intervención del submarino alemán U-34, han aparecido otras nuevas. Las declaraciones de los testigos de la época y los informes oficiales poco han contribuido a esclarecer el hecho, ya que existe una gran controversia en dichas declaraciones. Algunos testigos escucharon una detonación que pudo deberse a la explosión de la cabeza de guerra o a la de las baterías; otros no escucharon nada. La verdad está a punto de ser descubierta al ser localizados los restos del C-3.

Las teorías más recientes son:

El torpedo impactó pero no llegó a explotar

El ángulo de ataque del torpedo impidió que la cabeza de guerra estallase. Sin embargo, abrió un orificio en el casco de presión del C-3 que produjo su hundimiento. La explosión se produce en el compartimento de baterías y separa el buque en dos fragmentos. Los testigos más próximos o aquellos que recibían el viento a favor escuchan la explosión de las baterías amortiguada por la profundidad.

El torpedo impacto y explotó

La explosión del torpedo causa la fragmentación del buque en dos trozos, provocando su inmediato hundimiento. Los testigos que aseguran no haber escuchado la explosión probablemente se encontrarían contra el viento. El torpedo produce pocos daños en el casco del buque, a pesar de que es del mismo calibre, aunque de diferente manufactura, que el que días antes había impactado en el crucero Miguel de Cervantes, como se explica más adelante.

El hundimiento del submarino C-3

El agua penetra rápidamente, inundando la sección de proa y penetrando hasta el compartimento de las baterías, que en estos submarinos estaban muy adelantadas. El submarino se inclina hacia adelante e inicia una carrera hacia el fondo que se encuentra a 70 m. El agua de mar, en contacto con las baterías entra en electrólisis. Mortales vapores de clorhídrico escapan hacia la superficie, formando una blanca nube que puede ser vista desde la costa y desde los barcos que se hallan en la zona. En su último viaje, las baterías se calientan por efecto de la electrólisis hasta que sus elementos estallan. Una sección de unos 8 m desde la proa se separa del resto del casco. Ambos fragmentos del submarino llegan al fondo, una planicie de arena, quedando separados entre sí unos pocos metros. El fragmento mayor reposa conservando su posición normal, mientras que el fragmento menor se halla en posición invertida.

Después del hundimiento

En la superficie, una mancha de fuel marca el lugar donde se ha producido la tragedia. La nube blanca se disipa y tres hombres se debaten en el agua. Poco tiempo después serán rescatados por uno de los pesqueros que faenaban en la zona y trasladados al buque hospital Artabro, fondeado en el puerto de Málaga.

A las 2200, el Ministerio de Marina y Aire republicano emite el siguiente parte oficial: “Esta tarde, a las dos y media, a la altura de Málaga, fue torpedeado por un submarino, evidentemente extranjero, el submarino C-3, afecto a la Flota republicana. El C-3 se hundió. Hasta ahora sólo se tienen noticias de que se haya salvado el capitán de la Marina Mercante Agustín García Viñas y los marineros Isidoro de la Orden Ibáñez y Asensio Lidón Jiménez, los cuales han sido hospitalizados en Málaga, a bordo del buque Artabro. La tripulación del C-3 la componían 47 hombres.” Para aquel entonces, el U-34 estaba rumbo a su base en Alemania, a donde llegaría el día de Nochebuena.

El U-34 fue hundido a las 2155 del 5 de agosto de 1943 en Memel, 55,42N, 21,09E, despues de colisionar con el buque nodriza Lech, causando cuatro muertos. Reflotado el 24 de agosto de 1943 fue desguazado el 8 de septiembre. El capitán de corbeta Harald Grosse murió en el hundimiento de su submarino, el U-52 el 23 de febrero de 1940, en el Mar del Norte, cerca de las Orkneys, 58,50N, 02,58W, por las cargas de profundidad lanzadas por el destructor británico HMS Gurkha. No hubo superivivientes (42 muertos).

A pesar de que este parte y posteriores comunicados y noticias de prensa atribuyeron el hundimiento del C-3 al impacto de un torpedo lanzado por un submarino extranjero, las declaraciones posteriores de los testigos del hecho que, en ningún caso escucharon nada parecido a una explosión de un torpedo, hicieron que la versión oficial variase para declarar la pérdida del C-3 como un accidente fortuito, fruto probablemente de una explosión de las baterías que, por aquel entonces, estaban muy deterioradas.

Desde el principio de la Guerra Civil, las autoridades de la República eran conscientes del apoyo que Alemania e Italia prestaban al bando nacionalista en forma de suministros de todo tipo y asesoramiento militar. Sin embargo, en ningún momento se había sospechado que estas potencias tuvieran buques en misiones de guerra clandestinas en nuestras aguas. La confirmación de este hecho llegaría el 22 de noviembre.

El 17 de noviembre, el submarino italiano Torricelli, perteneciente al 3º Grupo de Mesina, salía de su base en La Magdalena, al mando del capitán de corbeta Giuseppe Zarpellón, llevando a bordo al capitán de corbeta español Arturo Génova, antiguo Agregado Naval en la Embajada Española en París. Este submarino oceánico de 985 toneladas de desplazamiento en superficie y 1259 en inmersión, se dirigió hacia su zona de patrulla en aguas entre Alicante y Cartagena, llegando en la noche del 21 al 22 de noviembre, tras haber soportado un fuerte temporal durante la travesía.

Durante el amanecer del día 22, navegando en superficie y a pesar de la neblina reinante, se avista un buque de guerra casi en frente de Escombreras. Haciendo inmersión a cota persicópica, Génova identifica el buque como el crucero republicano Miguel de Cervantes, por lo que se inicia la maniobra de ataque. Durante los instantes siguientes, el destructor británico Glowworm se interpuso entre el Torricelli y su blanco. Momentos más tarde, el crucero Méndez Núñez hizo su aparición por babor, cerca de la costa, y, poco después, el acorazado Jaime I. Ante este despliegue naval, Zarpellon enmendó la posición del submarino y concentró el ataque sobre el Miguel de Cervantes. Sumergiéndose a 60 m hizo un lanzamiento doble con torpedos de 533 mm. Uno de los torpedos se perdió en el mar; el otro alcanzó al crucero produciendo una grieta de 21 m de largo por 14 de ancho en el costado de estribor del buque.

El Miguel de Cervantes fue remolcado rápidamente hasta quedar varado en el dique de la Base Naval. La fortuna quiso que este buque se hallara muy próximo a la costa y su comandante, el capitán de corbeta Luis González de Ubieta, maniobrara con prontitud y eficacia, aunque el Miguel de Cervantes quedó inutilizado hasta el final de la guerra.

La comisión gubernamental nombrada a efectos de la investigación del incidente, atribuyó el mismo a un ataque con torpedos por parte de un submarino alemán. Aunque equivocaron la nacionalidad del torpedo, estaba claro que submarinos extranjeros se encontraban en aguas españolas en misiones clandestinas. Esta circunstancia pudo haber sido la causa del contenido del parte del Ministerio de Marina relativo al hundimiento del C-3.

Los restos del submarino C-3

En los días siguientes a su hundimiento las autoridades de la República enviaron buques a la zona para descubrir la posición en la que se había hundido el C-3, localizándola por las abundantes manchas de aceite que flotaban en la superficie. La posición se balizó, aunque ningún intento de rescate se llevó a cabo ante la evidencia de que no podía haber habido supervivientes.

Posteriormente, con la toma de Málaga por parte de las fuerzas nacionalistas, el interés por la situación del C-3 se perdió y nunca más se volvió a investigar. Tan solo una burda maniobra del Gobierno Nacionalista que intentó ocultar la adquisición de dos submarinos italianos, el Archimede y el Torricelli, a la opinión internacional diciendo que se trataban del C-3 y del C- 5, desaparecido unos pocos días después del C-3, que habían desertado. Esta maniobra no engañó a nadie debido a las grandes diferencias estructurales entre ambos tipos de submarinos.

En 1998, Antonio Checa, abogado malagueño, se encontraba pescando cuando vio unos restos de gasoil que procedían del fondo. Aguijoneado por la curiosidad, emprendió una búsqueda de documentación hasta que intuyó que el origen del gasoil pudieran ser los restos del C-3. Después de varias inmersiones con ROVs (Remote Operated Vehicles) dotados con una cámara de video, se obtuvieron las primeras imágenes. La mala visibilidad de la zona y el estado en que se encontraban los restos impidieron la identificación del buque.

En el mes de octubre de 1998, la Marina Española destacó al Mar Rojo, con un equipo de buceadores de la Armada que, por fin, consiguieron identificar los restos como pertenecientes al C-3, completando la labor de investigación realizada durante los últimos años por Antonio Checa.

Mucho queda por hacer, desde investigar las causas del hundimiento e incluso recuperar los restos. Lo que sí está claro es que frente a El Palo (Málaga) yacen los restos del submarino que tuvo el dudoso honor de ser el primer buque hundido por un submarino alemán después de la Primera Guerra Mundial y antes de la Segunda, y de sus 37 tripulantes, valientes marinos españoles.

La dotación del submarino C-3

Como ya se ha dicho, nada más que tres personas sobrevivieron al hundimiento del C-3. La foto muestra a la tripulación del submarino C-3 a principios de 1936.

La lista de desaparecidos fué:

Alférez de Navío D. Antonio Arbona Pastor

Auxiliar 2º Naval D. Francisco López Lozano
Auxiliar 2º Electricidad y Torpedos D. Enrique Más Ayala
Auxiliar 2º Electricidad y Torpedos D. Manuel Pacheco López
Auxiliar 2º Radio D. Francisco Carrillo Mira
Auxiliar 2º de Torpedos D. Francisco Martín Portugués
Auxiliar 2º de Torpedos D. Carlos Sánchez Bernal
Auxiliar 2º de Máquinas D. José García Paredes
Auxiliar 2º de Máquinas D. Fulgencio Conesa Pérez

2º Maquinista D. José Sastre Gabarrón
3º Maquinista D. Miguel Palmer Bonet
3º Maquinista D. Antonio Asensio Martínez (2º por la izquierda, 1ª fila de abajo)
3º Maquinista D. Juan Baamonde López

Cabo de Marinería D. José Rodriguez Ruiz
Cabo de Marinería D. Esteban Berenguer Robert
Cabo de Marinería D. José Sánchez Velasco
Cabo Electricista D. Pedro Saura Galindo
Cabo Electricista D. Joaquín Ruiz Baena
Cabo Electricista D. José Martínez Ponce
Cabo de Artillería D. Hipólito Rodríguez Anido
Cabo de Artillería D. Ismael Conte Aviño
Cabo Radio D. Constantino Blanco Sánchez
Cabo Enfermero D. Francisco Fuentes Quesada
Cabo de Fogoneros D. José Samper Torregrosa
Cabo de Fogoneros D. Francisco Torremé Sevilla

Marinero Carpintero D. José Carrión Luján
Marinero de 1ª D. José Caparrós Rubio
Marinero de 1ª D. Antonio Jiménez Saura
Marinero de 1ª D. Diego García Llamas
Marinero de 1ª D. Salvador Caparrós Rubio
Marinero de 1ª D. José Fernández Martínez
Marinero de 2ª D. José Limón García
Marinero de 2ª D. Pascual Martínez García
Marinero Cocinero D. Francisco Ros Nicolás

Fogonero Preferente D. Gabriel García García
Fogonero Preferente D. Benito Pardillo Bruno
Fogonero Preferente D. Bartolomé López Cobo

 

Comandantes
Comandante Mando
Abarzuza y Oliva, Felipe José 05/01/1929
Fernández de Bobadilla y Ragel, Rafael 09/05/1931
Alvargonzález y Sánchez Barcaiztegui, Claudio 03/06/1933
de Salas y Pinto, Javier 15/06/1935
Arbona Pastor, Antonio 20/07/1936
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