La Historia del
 Arma Submarina Española

La Historia del Arma Submarina Española
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Peral

ConstructorQuillaBotaduraEntrega
Arsenal de la Carraca01/01/188808/09/1888

Historia

Los estudios realizados por Isaac Peral sobre la navegación submarina le llevaron a presentar el proyecto de construcción de un barco torpedero submarino al Ministro de Marina, Almirante Manuel del la Pezuela y Lobo, el 9 de septiembre de 1885, coincidiendo con en conflicto de las Carolinas. El proyecto fue acogido con interés y las experiencias previas fueron financiadas con fondos públicos.

A pesar de las dificultades producidas por un sabotaje durante estas pruebas, el 20 de abril de 1887 la Reina María Cristina firmaba el Decreto por el que se aprobaba la construcción de "un buque destinado a la navegación submarina".

Así, el 7 de octubre de 1887 se da la orden de construcción del submarino en el Arsenal de la Carraca (Cádiz), iniciándose el acopio de materiales. El proyecto sufre algunas modificaciones. Los torpedos que habían de adquirirse, fabricados por Whitehead (Italia), son sustituidos por los Schwartzcopf alemanes. No obstante, la quilla se pone el 1 de enero de 1888 y la botadura se efectúa el 8 de septiembre del mismo año. Durante los meses siguientes se realizan varias pruebas hasta que, el 19 de diciembre se establece el protocolo oficial de pruebas que consistió en los siguientes puntos:

  1. Comprobación de la estanqueidad del casco, así como el funcionamiento de las bombas y motor eléctrico. Análisis del aire interno previamente purificado.

  2. Entrada al dique seco nº 2 de la Carraca. Hacer inmersión en el interior del mismo, sin tocar fondo, y repetir esta maniobra las veces que fueran necesarias. Comprobar el sistema de disparo del tubo lazantorpedos, sin lanzar, por supuesto.

  3. Salidas a la bahía de Cádiz durante varios dias para efectuar pruebas de máquinas, velocidad y capacidad de baterías eléctricas. Lanzamiento de torpedos tanto en superficie como aplicando el "aparato óptico de puntería" en inmersión.

  4. Pruebas de navegación con frecuentes inmersiones para comprobar las condiciones de trimado del buque.

  5. Pruebas de velocidad hasta alcanzar la cota de los 30 m y lanzar torpedos desde ella contra buques adversarios.

  6. Evaluación de las pruebas anteriores para determinar las condiciones del "torpedero-submarino" como buque de guerra y que correspondan a las ventajas preconizadas por su inventor.

  7. Lanzamiento real, en inmersión y sin que haya sido detectada su presencia, contra el antiguo transporte Ferrol, designado como blanco de la maniobra.

  8. Viaje de Cádiz a Gibraltar en superficie. En el Estrecho haría inmersión sin ser visto y reaparecería más tarde en el puerto de... (el protocolo no especificaba este puerto, aunque dadas las reivindicaciones españolas sobre la soberanía de Gibraltar es muy posible que éste fuera el puerto de destino o, más probablemente, el de Algeciras pero después de haber navegado por aguas inglesas).
El 17 de enero de 1890 se habían completado con éxito todas las pruebas hasta el punto 5, aunque las autoridades de Marina no quedaron totalmente satisfechas.

Para el 13 de marzo se crea una Junta Técnica de evaluación que remite un protocolo de pruebas más completo.

Una de las pruebas consistió en el simulacro de ataque al crucero Cristóbal Colón, de 1.150 toneladas que se realizó el 7 de junio de 1890. Durante una de las inmersiones se produce una avería en una de las válvulas y el submarino comienza a inundarse. Al emerger se comprueba que la válvula ha sido saboteada por uno de los tripulantes, se repara y continúa la prueba (llevando a bordo al saboteador, ya descubierto). La torreta óptica del submarino fue avistada a menos de 1.000 m de distancia por el crucero, dándose la maniobra por fracasada. Este hecho levantó las protestas de Isaac Peral al considerar que, los 200 invitados a bordo del crucero estaban advertidos de la acción que iban a presenciar, anulando el efecto sorpresa que existiría en una situación real de combate. Sin embargo, la prensa celebró el evento, alabando a Peral y su invento.

El informe final de la Junta Técnica resaltó estos hechos y determinados fallos constructivos del buque, impidiendo a Peral rebatir o reparar estas deficiencias, excusándose en la falta de conocimientos técnicos de éste al no poseer la titulación de Ingeniero Naval.

El 10 de octubre de 1890 se publicó una Real Orden que recogía las conclusiones de la Junta Técnica, aunque también abría las puertas a la construcción de un nuevo submarino bajo la dirección de Peral pero con la intervención de otros departamentos y autoridades. Peral comunicó al ministro los planes de construcción del nuevo buque, un submarino de 120 toneladas y 30 m de eslora, cuya construcción debería ser dirigida por el propio Peral teniendo bajo su responsabilidad la selección del equipo humano y los astilleros donde habría de construirse. La respuesta, negativa, llegó el 31 de octubre ordenando, además, a Peral a entregar el submarino en el Arsenal de la Carraca. Para el 11 de noviembre de 1890 se promulgaba el Decreto por el que se daba fin a los proyectos de navegación submarina.

El casco del Peral permaneció en el Arsenal de la Carraca, vacío de dispositivos, hasta 1914 que, por iniciativa del Comandante Mateo García de los Reyes, Jefe del Arma Submarina, es trasladado a la Base de Submarinos de Cartagena. En 1965, el Ayuntamiento de Cartagena reclama el submarino para que sea expuesto a la vista de todos los cartageneros y las personas que visiten la ciudad.


En la actualidad, el Peral se exhibe en el paseo de Alfonso XII como monumento a su genial inventor: el Teniente de Navío Isaac Peral y Caballero.

Comandantes
ComandanteMando
Peral y Caballero, Isaac

 
 
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