Tras la reciente avalancha de noticias surgidas en relación con el accidente del submarino ARA San Juan y a pocos días de cumplirse el 81º aniversario del torpedeamiento del submarino español C-3, he querido hacer una revisión histórica de aquella tragedia ocurrida el 12 de diciembre de 1936.

Esta revisión pretende poner de manifiesto aquellas preguntas que, tras años de investigaciones propias y de otros autores, aún están pendientes de encontrar respuesta.

Cambios de mando

Para las fechas en las que se gestó la Operación Úrsula y una vez seleccionadas las unidades que habrían de participar, el U-33 y el U-34, sus comandantes titulares, Ottoheinrich Junker y Ernst Sobe, serían relevados por Kurt Freiwald y Harald Grosse hasta completar la misión, reintegrando el mando a sus titulares una vez finalizada.

En el caso del relevo de U-33, éste podría deberse a una mayor veteranía por parte de Freiwald, por aquel entonces uno de los submarinistas más experimentados. Sin embargo, en el caso de Grosse, éste era más moderno que Sobe.

No obstante, sabemos que Grosse pudo formar parte de la dotación de pruebas del submarino E-1, construido por Horacio Echevarrieta en los astilleros gaditanos Echevarrieta y Larrinaga, bajo supervisión y planos de la IvS, empresa tapadera de Alemania que le permitió saltarse las restricciones impuestas por el Tratado de Versalles.

Por otro lado, las reglas de enfrentamiento que fueron dictadas para la Operación Úrsula por el OKM eran muy claras: se podría atacar a cualquier buque de guerra perteneciente a la Flota Republicana o a cualquier buque que navegara “oscurecido” (sin luces) dentro de las aguas territoriales españolas.

A diferencia de sus homólogos italianos, los submarinos alemanes no embarcaron a ningún oficial español, por lo que las labores de identificación, ante unas reglas de enfrentamiento muy restringidas, se verían ampliamente dificultadas. Lo mismo podía ocurrir con las transmisiones de radio de los buques españoles.

Esto nos lleva a pensar que, al menos Grosse, estaba familiarizado con el idioma español, al menos en la capacidad para trascribir algunos mensajes de radio entre buques de la flota, y ambos para identificar eficazmente sus objetivos. Sin embargo, no existe ninguna prueba fehaciente de ello.

Un torpedo perdido

En la noche del 1 de diciembre, el U-34 se hallaba en su zona de patrulla, frente al puerto de Cartagena, cuando divisó un destructor republicano patrullando la zona. El submarino maniobró para colocarse en posición de lanzamiento, llegando a lanzar un torpedo contra el buque.

El torpedo no encontró a su blanco y siguió su carrera hasta alcanzar la costa, en donde explosionó.

A pesar de que se ha escrito que no se investigó la explosión, parece poco probable que un evento de esa categoría producido junto a una Base Naval, no llamara la atención de los mandos y se produjera la correspondiente investigación.

Pocos días antes se había producido el torpedeamiento del crucero Miguel de Cervantes por el submarino italiano Torricelli, una razón más para estar atentos a cualquier ataque o explosión en la zona.

Dicha investigación daría como resultado un informe y el informe debería haber puesto de manifiesto el origen germano del torpedo, lo que no dejaría lugar a dudas de la participación de este país.

Hasta la fecha no se ha llegado a concretar la existencia de dicho informe y, en caso de existir, su contenido.

Negando la evidencia

Tras el hundimiento del submarino C-3 se procedió a interrogar a los supervivientes, capitán de la Marina Mercante, D. Agustín García Viñas, y marineros D. Isidoro de la Orden y D. Asensio Lidón. Los informes de los interrogatorios dejan poco lugar a dudas sobre el origen de la explosión que mandó al fondo del mar al submarino C-3: habían sido torpedeados, aunque ninguno fue capaz de ver ni al submarino atacante ni el torpedo.

Así se manifestó al mando de la Flota Republicana y los medios se harían eco de dicha circunstancia. Así, ABC, al día siguiente, 13 de diciembre, titularía:

UN SUBMARINO REPUBLICANO TORPEDEADO POR OTRO EXTRANJERO

Se ignora quién tomó declaración a los supervivientes, dado que le Jefe de Flotilla no se encontraba en Málaga el momento del hundimiento, ciudad a la que llegaría el día 14.

Sin embargo, el informe del Jefe de la Flotilla, capitán de corbeta D. Remigio Verdía, redactado varios días después del hundimiento, narraba lo siguiente:

“Considero debe descartarse por completo la idea de que el buque fuera torpedeado por las siguientes razones:

1º No se observó la columna de agua de 60 u 80 metros como la que produce un torpedo (-el diario de a bordo del destructor británico HMS Acasta, situado en las proximidades, desmiente este aspecto-).

2º No se puede demostrar que la explosión fuera grande porque, entonces, todos los testigos de dentro y de fuera del submarino la hubieran claramente percibido.

3º Ninguno de los que estaban en el puente vieron estela ni periscopio.

4º Ninguno de los pescadores de las proximidades los vieron tampoco.

5º Sobre las cabezas de los náufragos no cayeron restos de la explosión.”

Este informe hizo cambiar la versión oficial sobre el hundimiento. La primera edición del libro Submarinos republicanos en la Guerra Civil española, de los almirantes Rodríguez Martín-Granizo y González-Aller Hierro, en 1982, recogía la versión oficial que atribuía el hundimiento a una explosión de baterías accidental. No obstante, en su segunda edición, de 2003, se corrige para atribuir el hundimiento a un torpedo lanzado por el U-34.

A raíz de todo lo anterior quedan dos preguntas sin respuesta:

¿Por qué el informe de Verdía no recoge fielmente las declaraciones de los supervivientes y otros testigos?

¿Fue suficiente el informe de Verdía para cambiar la versión oficial del hundimiento y mantenerla durante tantos años?

Quizá una parte de estas respuestas se encuentren en el punto siguiente.

¿De qué bando estás?

A lo largo de los últimos años se ha cuestionado el papel del entonces Jefe de Flotilla, Remigio Verdía, en relación con el hundimiento del submarino.

En respuesta a varios artículos aparecidos en los medios de comunicación en los que se cuestionaba la lealtad a la República de este marino, han surgido declaraciones de sus descendientes desmintiendo su falta de lealtad.

La brillante trayectoria militar de este, varias veces condecorado, marino está vinculada a los submarinos desde 1924, año en el que embarca en prácticas en el B-3. Posteriormente ocuparía cargos de segundo comandante de los submarinos A-2 y A-1, y como comandante de los submarinos A-1, B-5 y C-2. Especialista en torpedos, el comienzo de la Guerra Civil le sorprende como subdirector de la Escuela de Armas Submarinas en Cartagena.

En el transcurso de la contienda pasa por distintos destinos hasta ser nombrado Jefe de la Flotilla de Submarinos con base en Málaga, hacia finales de septiembre de 1936.

El torpedeamiento del crucero Miguel de Cervantes es motivo de un excelente informe en el que demuestra su alto nivel de profesionalidad. Por este motivo es extraño que, ya siendo Jefe de Flotilla, además de un especialista en torpedos, no hubiera emitido un informe en relación con la explosión del torpedo lanzado por el U-34 el 1 de diciembre y que explotó en tierra.

Hace varios años, junto a Diego Quevedo Carmona, tuve la oportunidad de entrevistar a uno de sus hijos, militar retirado y que había cursado sus estudios en el Colegio de Huérfanos de la Armada. Aunque no disponemos de grabación de aquella entrevista, lo que nos contó no coincide con las versiones de sus otros descendientes.

En entrevistas realizadas a familiares de los marinos de la dotación del submarino C-3, tampoco la opinión sobre el CC Remigio Verdía que reinaba en la Flotilla parece favorecer la idea de su lealtad republicana.

Incluso, se ha llegado a afirmar que su muerte no fue accidental, sino que fue asesinado por otros militares conocedores de sus afinidades con el bando sublevado.

Sería muy atrevido por mi parte cuestionar las lealtades de este militar sin tener algo más que indicios y opiniones de personas que, o bien tuvieron relación indirecta con él, o ya han fallecido. Lo que sí es cierto es que sus descendientes se vieron favorecidos por el régimen resultante al finalizar la contienda, lo que no era muy habitual en la época.

Por tanto, la cuestión de las lealtades del capitán de corbeta D. Remigio Verdía aún constituye un interrogante para el total esclarecimiento de esta historia.

¿Estaba realmente perdido el submarino C-3?

Cuando en 1998, Antonio Checa afirmó haber encontrado los restos del C-3, hecho que sería corroborado por la Armada poco después, se tenía la sensación de que el lugar del hundimiento del submarino C-3 no estaba determinado.

El caso es que los pescadores de la zona tradicionalmente pescaban en un lugar que denominaban “el submarino”, aunque en la tradición oral se había perdido el origen del nombre.

Parece poco probable que las autoridades de la época no hubieran balizado la zona del hundimiento o hubieran mandado algún buzo para comprobar el estado del submarino. Cabe pensar que en una situación de guerra como la que estaba en curso, tuvieran cosas más importantes que hacer.

Lo que sí es cierto que las autoridades nacionales, poco después de la toma de Málaga, tenían localizado el lugar del hundimiento y habían elaborado un informe sobre el escaso interés de su reflotamiento, dadas sus condiciones. O sea, que sabían dónde y en qué condiciones estaba el submarino ya en 1937, lo que denota un estudio de un cierto nivel. Hemos de recordar que el bando nacional carecía de submarinos y la posibilidad de reflotar y poner en servicio uno, era una opción más que interesante.

Entonces, ¿se hallaba realmente perdido el submarino C-3 o simplemente olvidado?

¿Dónde impactó el torpedo?

Desde que se descubrió el submarino y aparecieron las imágenes del sonar de barrido lateral tomadas por el buque Mar Rojo de la Armada Española, se ha especulado ampliamente sobre el punto del impacto del torpedo y de sus consecuencias.

Desafortunadamente, ninguna de las inmersiones realizadas hasta la fecha, se ha realizado con el rigor arqueológico suficiente como para obtener una conclusión definitiva sobre estos aspectos.

Basados en parte en el material disponible y en el sentido común, varios investigadores hemos llegado a la conclusión de que el impacto tuvo lugar por la banda de estribor, ligeramente por detrás de la vela.

Por otra parte, mi impresión personal es que algunos metros de la eslora del barco, en el punto de impacto, se han volatilizado, porque las medidas de las dos partes en las que se encuentra el submarino, no coinciden con la eslora total. Esto supondría que al tener lugar la explosión, el submarino se partiría en dos de forma inmediata, no al llegar al fondo, como se ha publicado. Ello explicaría, asimismo, la velocidad a la que se hundió y que los miembros de la dotación que se hallaban en cubierta fueran despedidos por los aires.

Desde aquí animaría a alguna institución a que se realizara un estudio arqueológico serio en los restos del C-3 para resolver estas incógnitas.

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